Apueste su vida (2009)

  1. Primer plato
  2. La siesta del guerrero
  3. Operación Bikini
  4. Han matado al pusilánime
  5. Regreso al centro de la Tierra
  6. Frank De Winne
  7. La máquina de los recuerdos
  8. Bienvenido a Manhattan
  9. Sombrero tejano
  10. Mejores negocios he visto
  11. El buen aviador
  12. Psychedelic garden

Primer plato

No voy a hacer de la velocidad
un argumento a sostener.
No tengo tiempo, no voy a parar.
¿Para qué?

Tú me has llamada, si vas a ayudar
haz tu trabajo y márchate.
No es el momento, no voy a charlar.
Déjame, déjame.

Éste es el mar de la intranquilidad,
contigo casi somos tres.
Hoy hay tormenta, sabrás navegar.
Mírate.

No van a darte otra oportunidad
si no te esfuerzas esta vez.
Hazte valer, ya podrás descansar.

La siesta del guerrero

Guardo en mi memoria una receta
que es mi técnica mortal.
Vivo confiado a mis estrategia y
volveré para cenar.

Puedo estar cerca de caer,
puedo tener que pelear,
pero algo tengo que comer.

No voy a enredarme en la contienda
sin un arma de verdad.
Llevo una sartén en la cabeza
y un cuchillo para untar.

El lema de este batallón
es no dejar a nadie atrás.
Pondré la mesa para dos.

Sirvo malherido a mi enemigo
flambeado con champán.
No ha quedado ni uno solo vivo
y este vino no está mal.

No nos volveremos a ver,
sólo nos queda descansar.
Será una siesta sin cuartel.

Operación Bikini

Soy una tentación,
soy centollo.
Soy tu mayor ración,
soy un pollo.

Puestos a sucumbir
al señor de la cena,
déjame hacer a mí.

Pena del corazón
de una pera,
que ya no llenará
tu nevera.

Puestos a renunciar
de tu plan de principios,
creo que mejor será
devorar algo rico.

El queso sobre pan tostado
va mucho mejor
si es con un asado.
Disfrute de cada bocado,
no atienda a su razón,
nada es demasiado.
Y apenas haya terminado
dispóngase a dormir,
ya se lo ha ganado.
(Bis).

Han matado al pusilánime Descargar mp3

¿Cuál es la talla del desaliento?
¿Quién apuntala los argumentos?
Cuando la suerte se vende
no hay quien se encomiende
a la casualidad.

Hazlo sencillo y ve directo.
Sácale brillo, ten un concepto.
Haz que no quede pendiente
ningún ingrediente
y empieza a rezar.

Este campo de vencidos
no es mi sitio preferido.
Vamos a tener que pelear.

Nunca hacemos las maletas.
No hay castigo en el planeta
que haga flaquear a esta unidad.

Piensa mejor, escucha atento.
Falta color, no está perfecto.
Dale un respiro que duerma
contigo y le pueda
la genialidad.

¿Cuál es la talla del desaliento?
¿Quién apuntala los argumentos?
Cuando la suerte se vende
no hay quien se encomiende
a la casualidad.

Hazlo sencillo, y ve directo.
Sácale brillo, ten un concepto.
Haz que no quede pendiente
ningún ingrediente
y empieza a rezar.

Este campo de vencidos
no es mi sitio preferido.
Vamos a tener que pelear.

Nunca hacemos las maletas.
No hay castigo en el planeta
que haga zozobrar a esta unidad.
Vamos a tener que pelear.

Regreso al centro de la Tierra

Ana escribe en las aceras,
pinta barcos, piensa que es capitán.
A cada rato inventa un argumento
dentro de un zapato y echa a volar.

Ya Pablo es más sensato,
práctico y atento a toda moral.
Y de momento no le queda tiempo
y ha de renunciar a su libertad.

Sin embargo y contra toda explicación
se ve a los dos
atrapados por la misma convicción.
Es la razón.

Mario asume su aspereza,
reza y piensa que algo puede cambiar.
En su cabeza guarda un recetario
para los domingos de soledad.

A Ringo las canciones
le hablan de patrones de inspiración.
Y reconoce haber depositado
todas su ideas en la invención.

Si en el centro de la Tierra está el motor
de la razón
sólo habrá que destaparlo y comprender
la relación que une todo.
(Bis).

Frank De Winne

Memo pinta fruta en la pared
y hasta consigue que le sepa bien.

Memo es astronauta en formación
y va colgado al techo del salón.

No apaga la luz,
no va a dormir.
El sueño alimenta su inquietud.
Jamás se molesta en discutir,
el tiempo está de su parte.

Memo es imperfecto y singular.
Es insurrecto a la mediocridad.

Espadas de sol
y un colador
calientan su microespacio y yo,
que espero sentado en su habitación,
prefiero mirar callado.

Machaca el reloj
al despertar.
Se viste un sombrero de esquimal,
como un antihéroe local
que silba su melodía.

La máquina de los recuerdos

Son de cristal.
Me parecen de verdad, a través
de una máquina que da

a quien no puede recordar
una historia para pensar
cada vez que mire hacia atrás
con las manos vacías.

Lo he construido
con el tiempo
que no tengo ya,
que se ha perdido. De momento,
por ahora, no lo entiendo.
Si ya no queda
nada que contar...

Y los días que no viví
o las cosas que quise hacer
han pasado cerca de mí,
pero he estado tan ciego...

Y aunque sé que esto no es real
me conformo con escribir
algo que pueda recordar
y engañar al cerebro.

Lo he construido
con el tiempo
que no tengo ya,
que se ha perdido. De momento,
por ahora no lo entiendo.
Si ya no queda
nada que contar...

Bienvenido a Manhattan

¿Ves? suena rendido este motor,
tengo prohibido desandar,
sácame de esto por favor.

Llevo lo puesto y poco más,
toco de oído y oigo mal,
soy pusilánime inmortal.

Si ya no puedo estar mejor, ¿para qué cambiarlo?
Me guardo un trozo en el cajón por si acaso,
que estoy cansado de salir en el telediario
y me he olvidado lo que tengo que decir.

Tú, que eres talento en la ciudad,
carga a mi cuento personal
todas las copas de este bar,

que entre mi ropa habrá de haber
alguna nota contractual
en un pedazo de papel.

Si ya no puedo estar mejor, ¿para qué cambiarlo?
Me guardo un trozo en el cajón por si acaso,
que estoy cansado de salir en el telediario
y me he olvidado lo que tengo que decir.
(Bis).

Sombrero tejano

¿Para cuándo puede terminar?
¿Cuánto tiempo tengo que esperar?
Puedo esperar.
Ha pasado el tiempo y la verdad,
ya no tengo prisa por llegar.
Puedo llegar.
Puedo llegar.

Y la tentación de conversar
no es una razón a negociar
cuando el silencio la diluye en el vagón.

Hasta donde alcanzo a comprender
no hay motivo para establecer
tu prioridad.
Los ojos abiertos y el café
ya te han convertido en velador
de soledad.

Luces de neón por Navidad
dictan el color de la ciudad,
que se dibuja en pliego de futilidad.

Y la distracción por novedad
puede ser mejor que acumular
las intenciones del momento en un cajón.

Mejores negocios he visto

No pensaba en lo del dinero, como hice antes.
Algo guardo en este sombrero, será bastante.
Puedes darme otra estacada,
seguiré como si nada.

Ya saqué brillo a mis zapatos, que es lo primero.
Yo quería pasear un rato, pero hoy no puedo.
Llevo el sol en la cabeza,
me ha vencido la pereza.

Y entretanto, por demás,
cuento mi relato al banco
Duermo, que es barato
y no me hace pensar.

Soy el hombre de las tabernas, y filmotecas.
Mi equilibrio sobre una pierna, como un atleta,
es tan firme y depurado
como el pulso de mis manos.

Y entretanto, por demás,
cuento mi relato al banco.
Duermo, que es barato
y no me hace pensar.

Y aunque hierva la ciudad
nada va a mover a esta plomada
que hay sentada
sobre mi sofá.

El buen aviador

Antes que me convierta en un aerovolador
observa cómo cierro bien la puerta.
Cuenta hasta que se pierda el sonido del motor
y espérame infinito hasta que vuelva.

No estoy, no conecto causal ya me he ido.
Ya ves, un defecto que llevo adherido.

Piensa que te presento servida una ocasión
de ahorrarte la mitad de la colada.
Prueba a sintonizarme por la televisión,
no puedo contestar a tus llamadas.

Verás, es que tengo la agenda completa.
Quizás me tendrás que regar las macetas.

¿Ves? Me resbalo en la ducha,
me golpeo y no recuerdo casi nada y me divierte porque
floto en un gran vaso de anís
dibujando trayectorias que convergen.

Mejor no debiera encontrarme contigo.
Tu voz me resulta un castigo al oído.

Guardo en mis maletas cada trozo de la edad,
he estado un par de veces dado por vencido.
Poco o nada cuesta aguantar un poco más,
yo siempre encuentro algún milagro en el camino.

Psychedelic garden

Vino sin gradación,
azúcar y un pack de frutas en conserva,
whisky de colección,
cerveza y anís.

Sandwiches de jamón,
tostadas del sol que traigo en la maleta,
gárgaras con limón,
café de París.

¿Ves? mi espacio es natural.
Y eso a pesar de estar tan lejos,
por detrás de los espejos,
y me encuentro en un cuento artificial,
que es el lugar perfecto para realizar
cualquier experimento.

No hay razón para marcharme
de este idílico jardín.
Voy disuelto por el aire
y todo flota tras de mí.

Árboles de vapor
con lluvia de meteoritos de frambuesa,
pelícanos con motor
jugando al parchís zahorí.

Paro a reconocer
hormigas gigantes que andan con chistera,
patos tomando el té,
hablando en inglés al revés.

¿Ves? mi espacio es natural.
Y eso a pesar de estar tan lejos,
por detrás de los espejos,
y me encuentro en un cuento artificial,
que es el lugar perfecto para realizar
cualquier experimento.